Diputadas morenistas abandonan la sororidad y respaldan a Cuauhtémoc Blanco
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Ciudad de México.– Mientras la lucha por la representación política de las mujeres se proclama una y otra vez en discursos y campañas de manera local, regional, estatal y claro, nacional, en los hechos sigue habiendo ausencias que duelen. En el Congreso de Morelos, las diputadas de Morena tuvieron la oportunidad de mostrar una verdadera alianza entre mujeres, pero prefirieron alzar la voz para proteger a un hombre señalado por precisamente violentar a una mujer: Cuauhtémoc Blanco.
Durante la comparecencia a modo del exfutbolista y gobernador con licencia y sin que la mesa de la cámara baja hiciera absolutamente nada por detenerlo, fue arropado por un bloque de diputadas morenistas que optó por aplaudirlo y respaldarlo con gritos de «¡No estás solo!», cuando ni siquiera era su turno y bajo la protección del fuero.
En cambio, en este nuevo «tiempo de mujeres», la bancada de Movimiento Ciudadano, capitaneada en ese momento por la diputada Ivonne Ortega, quien intentaba a marchas forzadas acercase a la tribuna y prácticamente fue «tacleada» por sus homónimas morenistas, al final, al lograr acercarse, cuestionó al presidente de la cámara baja, Sergio Gutiérrez Luna, por permitir que se vulnerara el procedimiento legislativo: «Tu le diste al violentador la última palabra, eres un cómplice, eres un cómplice presidente»
Y añadió:
«Quiero que justifique a esta cámara… en donde dice que el violentador puede cerrar la intervención, ¿En que parte lo dice? quiero pedirle que lo compruebe y por lo menos, que tenga la dignidad de abrir una ronda más para que sean las mujeres las que se puedan expresar. ¿Dicen que rompimos el techo de cristal? Si no fuera culpable, porque insisten en mantener el fuero? Que pida licencia, se separa del cargo y haga valer su inocencia.
Dicho esto, el eco de esa consigna –«No estás solo»– resuena como una bofetada a la sororidad, ya que mujeres que presumían paridad se doblegaron ante un liderazgo masculino y caudillista. ¿Dónde quedó entonces ese compromiso que tanto presumían con la justicia, con la equidad, pero sobre todo con las mujeres que día a día enfrentan represalias por hablar?
Esto nos deja claro que el feminismo no puede usarse como accesorio político. No puede ondearse la bandera del “tiempo de mujeres” mientras se perpetúa la protección a figuras públicas cuestionables. Las diputadas morenistas eligieron defender al poder masculino en vez de tender la mano a otra mujer que exigía respuestas.
Y esa decisión –aparentemente pequeña, aparentemente estratégica– es una traición al pacto que tantas veces se dice sellado entre mujeres.
No estamos todas. Faltó ella.
Y faltaron ellas, las que callaron.

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