Recorrido en el Rancho Izaguirre en Teuchitlán: una exhibición del dolor sin rumbo ni justicia
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Teuchitlán, Jalisco. — Lo que debía ser un acto de transparencia y acompañamiento a las víctimas, se convirtió en un espectáculo desolador y profundamente cuestionado. La visita al Rancho Izaguirre —un predio recientemente asegurado por su presunta vinculación con desapariciones y delitos graves— reunió el pasado fin de semana a medios de comunicación, padres de personas desaparecidas y autoridades estatales. Sin embargo, la jornada terminó envuelta en críticas, señalamientos y un dolor colectivo aún más profundo.
El rancho, ubicado en las inmediaciones de Teuchitlán, fue abierto a familiares y reporteros tras su localización como presunto sitio clave en las investigaciones sobre personas desaparecidas. Sin embargo, lejos de brindar respuestas, lo que se vivió ahí fue una escena desgarradora, sin protocolos claros ni una guía institucional.
En entrevista con Aristegui Noticias, la periodista Marcela Turati describió la experiencia como “una explosión de emociones y llantos”, donde “no se entendía a qué nos llevaron”. Turati relató cómo un padre, al escarbar con sus propias manos, sacó del suelo una mochila azul y un cepillo de dientes, mientras funcionarios estatales solo observaban sin intervenir. Para ella, la escena fue contaminada, convertida en un caos que violó no solo el proceso investigativo, sino también la dignidad de las familias presentes.
“No había nadie que contara nada, que guiara el momento. Todo estaba al garete, y en medio de eso, 20 o 30 cámaras de televisión transmitiendo el espectáculo del terror”, dijo Turati.
Las declaraciones de Turati coinciden con la crítica expresada por Carmen Aristegui, quien calificó la jornada como una “exhibición pública” y “una guerra de narrativas”. Frente a una posible versión oficial, lo vivido en el rancho Izaguirre pone en evidencia la necesidad urgente de una investigación criminal seria y creíble, que no se base en improvisaciones.
La periodista de investigación María Idalia Gómez también levantó la voz tras la visita. En su opinión, los medios de comunicación presentes fueron utilizados y terminaron siendo “cómplices de la autoridad”. “Nos prestamos a este circo”, denunció. Para Gómez, es inadmisible que las autoridades aseguren haber terminado peritajes en tan poco tiempo. “Una autoridad seria no actúa así. Esto no es justicia ni es respeto por las víctimas”.
Las madres buscadoras que previamente habían entrado al rancho aseguraron que todo “ya lo habían tapado”, sugiriendo que se alteró o manipuló el lugar antes de la visita mediática. Mientras tanto, las familias continuaban preguntándose: ¿dónde están las cosas? ¿Dónde están nuestros hijos?
Lo sucedido en Rancho Izaguirre no solo deja más preguntas que respuestas, sino que también evidencia el tratamiento oficial de la crisis de desapariciones en México: como un espectáculo donde el dolor se exhibe sin consuelo, sin justicia, y sin claridad.

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