Mientras el caso de Jalisco genera indignación, el de Veracruz quedó en el olvido
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Xalapa, Ver.- En México, la violencia y el despojo de tierras parecen ser moneda corriente. La reciente entrevista en el programa La Saga de Adela Micha puso sobre la mesa la brutal realidad del caso del rancho Izaguirre, en Teuchitlán, Jalisco, donde su dueño fue despojado bajo amenazas contra su hija, mientras las autoridades han ignorado sistemáticamente a las víctimas. Sin embargo, este caso no es aislado: un hecho similar ocurrió en Veracruz con el rancho La Gallera, en Tihuatlán, donde el dueño fue despojado y tiempo después se encontraron restos humanos en la propiedad.

El caso de Teuchitlán ha generado indignación en redes y medios, pero en Veracruz, el episodio de La Gallera pasó casi desapercibido en su momento. Ambos hechos comparten un patrón alarmante: terrenos tomados por la fuerza, amenazas directas a los propietarios y una red de complicidad e impunidad que deja a las víctimas en total indefensión.

 

  • El horror en Teuchitlán: una familia despojada y el gobierno en silencio

El caso del rancho Izaguirre ha causado revuelo en Jalisco. Pese a las denuncias, las autoridades han ignorado el caso, permitiendo que el rancho estuviera durante años en manos de quienes lo tomaron por la fuerza.

La editorial de Adela Micha cuestionó la indiferencia del gobierno y la falta de acción ante un problema que se repite en todo el país: la apropiación de tierras mediante la violencia. Esta es la verdadera historia, del terror, del horror en que se ha convertido México”, señaló la periodista en su programa.

 

  • El caso olvidado de La Gallera en Veracruz: ¿por qué nadie habló de él?

En Veracruz, el caso del rancho La Gallera tuvo un desarrollo similar, pero con un enfoque mediático distinto. El propietario también fue despojado de su terreno en circunstancias sospechosas y, tiempo después, se encontraron restos humanos en el lugar. A diferencia de Teuchitlán, el tema no tuvo repercusión nacional ni provocó pronunciamientos de alto nivel.

Cuando los hallazgos de restos humanos salieron a la luz, las autoridades locales se limitaron a deslindarse de responsabilidades. Las investigaciones quedaron inconclusas, y el terreno pasó a ser un escenario del horror sin que nadie respondiera por lo sucedido.

 

La impunidad como regla: gobiernos que no ven ni escuchan

El paralelismo entre ambos casos deja al descubierto un problema estructural: la impunidad. En ambos estados, los despojos fueron denunciados, pero los gobiernos han optado por el silencio. Mientras en Jalisco el caso se visibiliza gracias a la cobertura mediática, en Veracruz la indiferencia de las autoridades permitió que el tema quedara en el olvido.

La pregunta es inevitable: ¿cuántos casos más como estos existen en México, ocultos bajo la sombra del miedo y la impunidad?