En el segundo y último lunes de la Guelaguetza 2018, los puntos positivos los dieron los asistentes, los impecables bailes y la delegación de Juchitán que rindió homenaje a los fallecidos por el sismo del pasado mes de septiembre.

En punto de las 10 horas inició la primera de dos funciones (la segunda a las 17 horas) de la Guelaguetza 2018, cuya duración usual suele ser de cuatro horas en el auditorio ubicado en el Cerro del Fortín.

El espectáculo inició con la llamada a escena y un mensaje que recordó que los bailes, si bien no son los mismos que hace medio siglo, son resultado de la tradición y la capacidad inventiva de los creadores que lo enriquecen.

Primero, hubo un breve recital ejecutado por la Banda de Música de la Secretaría de Seguridad Pública de Oaxaca, dirigida por Calixto García Baltazar. El himno oaxaqueño “Dios nunca muere” fue interpretado por el tenor oaxaqueño Luis Adrián, quien arrancó los aplausos del público.

Le siguió el “Himno a la Diosa Centeótl” (diosa del maíz), en el que jóvenes mujeres disertan en torno a la indumentaria, costumbres, tradiciones y quien tenga más conocimientos es investida como la Diosa Centeótl. Luego, el “Convite” y el “Jarabe del Valle” de las chinas oaxaqueñas, participantes de la tradición de la calenda, cuyo acto fue ovacionado por los asistentes.

Después, la “Danza de los diablos” de San Sebastián Tecomaxtlahuaca, cuyo origen es la representación cristiana; el “Fandango de varitas” que se celebra cada octubre, se hizo presente con la delegación de Villa de Tututepec, poblado de la región mixteca de la costa.

Posteriormente, llegó San Pedro de Ixcatlán, con “Na’ puta chichi” y “La borrachita”, sones mazatecos que, si bien alegraron y divirtieron al público, según algunos comentarios de asistentes, éste último resulta ofensivo, “denigrante para las mujeres”, pues una mujer baila mientras se embriaga de alcohol.

El pueblo de San Francisco Sola, ubicado en la sierra sur, hizo lo propio con el “Jarabe de la rosa” y “Chilenas”, sones soltecos de las fiestas patronales, bautizos y bodas. Siguieron los “Sones mazatecos” con sus coloridos trajes en las mujeres representando a Huautla de Jiménez y, después, “La flor de piña” de San Juan Bautista de Tuxtepec, número muy ovacionado por sus trajes coloridos, una piña al hombro, y coreografía impecable.

Los detalles en el Auditorio Guelaguetza

Hasta este punto del espectáculo, sin intermedios de por medio, fotógrafos de algunos medios de comunicación murmuraron el trato preferente en zona de piso a sus similares de Televisa, quienes sí podían permanecer suficiente tiempo en el área para realizar sus tomas, mientras que el resto debía hacer su trabajo por lapsos pequeños, salir y volver a entrar.

También en redes sociales circularon imágenes de actores de Televisa como Arath de la Torre y Susana González, quienes se sentaron en diversos momentos en la escalera que tenían cerca, aun cuando eran espacios vigilados y prohibidos para asistentes regulares. Y es que, una de las reglas del evento es que todos los asistentes deben estar en asientos señalados y numerados por protocolos de seguridad.

A los costados de los actores, en el área B del auditorio, de frente al escenario principal, el gobernador Alejandro Murat gozó de la fiesta acompañado de una comitiva que no pagó por sus espacios, a diferencia de los oaxaqueños que estuvieron en el área C del Auditorio. Para llegar ahí, además de formarse desde la mañana, tuvieron que pagar un boleto -de 200 pesos-, cuando usualmente el público de la sección C y D, conocida como “gayola” es de entrada gratuita.

Después del número dancístico de “La piña” de San Juan Bautista Tuxtepec, tocó turno al “Jarabe de la botella” del pueblo de Teococuilco de Marcos Pérez, baile vistoso en el que la madre del novio elige a quien será el padrino de boda y éste debe levantar y parar correctamente una botella tirada en el piso usando solo el pie. Todo, en medio de un baile festivo.

Siguió otra danza de característica nupcial, pero con una representación escénica en donde padres del novio ofrendan comida a los padres de la novia, bajo el nombre de “La llevada del guajolote” del pueblo de Ocotlán de Morelos.

Luego, la “Danza de la pluma” de San Bartolo Coyotepec, donde se representaron marchas, chotis, himnos y sones; mientras que Juchitán de Zaragoza puso el acento con el tema “Juchitán vive” en el cual los hombres vistieron un pañuelo negro para mostrar respeto a los fallecidos por los sismos del pasado 19 de septiembre. Las mujeres vistieron fondo blanco y vestimenta negra con flores rojas. Luego, los hombres mudaron de pañuelo y usaron el rojo tradicional para interpretar “Viva Juchitán: sones”.

Santa María Huatulco puso el sabor de la costa con “Sones y Chilenas”; mientras que Tlacolula de Matamoros representó la “Mayordomía a la virgen de la Asunción”. Finalmente, el acto culminó con los “Sones”, “Juegos y chilenas” que se realizan en cada fiesta popular en Santiago Jamiltepec, haciendo gala de inmensas “marmotas”.

Tras la representación de cada pueblo y como ya es tradición, los danzantes arrojaron fruta -guayabas, limones, granadas, piñas-, dulces, chocolate, pan y camarón -en el caso de los costeños-, así como comida representativa de sus pueblos.

Fuente: Proceso